Vídeo: el estado real de la Gran Muralla China vista con drones

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Desde la frontera con Corea hasta el desierto de Gobi, una fortificación y sus ramificaciones recorren hasta 21.200 kilómetros [hasta no hace mucho se creía que eran 8.850]. Considerada la mayor obra de ingeniería del mundo, la «Gran Muralla China» es reflejo de unos tiempos convulsos marcados por el instinto humano de la supervivencia. Según la leyenda, la construcción de la primera Gran Muralla, formada por paredes de tierra, se debe a los grandes delirios de Qin Shi Huang. El primer emperador de la China unificada soñaba con la inmortalidad y en consecuencia, gobernar China eternamente. Éste le encargó al brujo Lu Sheng la misión de buscar una forma de alcanzar esta deseada e imposible condición. Tras un largo tiempo sin éxito, el brujo extendió el rumor de que el emperador sería asesinado por las tribus del norte. Se corrió la voz y Qin Shi Huang ordenó la construcción inmediata de la Gran Muralla.

Sin embargo, la versión que cuentan los libros de historia responde a una cuestión más pragmática. Desde el siglo IV a.C., las estepas al norte de China fueron ocupadas por pastores nómadas. Esta población dependía de sus vecinos del sur para obtener productos, especialmente agrícolas, que la estepa no les proporcionaba. A pesar de su reducido número, los nómadas constituían una grave amenaza con sus ofensivas hacia los Estados del norte de China. Ante este gran reto, se ensayaron diferentes estrategias para defenderse de esta amenaza y, finalmente, se inició la construcción de una muralla defensiva.

De las paredes de tierra al zócalo de piedra y alzado en ladrillo, la mayor frontera del mundo ha vivido las innovaciones que acompañan a los tiempos, pero también sus peligros. Víctima de los grandes procesos de urbanización y del cambio climático, la Gran Muralla China ha sufrido un deterioro significativo en los últimos años. Las partes desaparecidas de la Muralla han servido como fuente de piedras en la reconstrucción de viviendas y carreteras, mientras que otras secciones son propensas a actos vandálicos como pintadas. Además, aproximadamente 60 kilómetros de esta simbólica fortificación pueden desaparecer en los próximos veinte años, a causa de la erosión de las tormentas de arena.

Los trabajos de restauración de la Muralla se han venido realizando tradicionalmente de forma manual, mediante el uso de una cinta medidora o la inspección visual por parte de un equipo humano durante varias semanas. Pero esto ha cambiado. La empresa tecnológica Intel, en colaboración con la Fundación China para la Conservación del Patrimonio Cultural, ha iniciado un programa para proteger y conservar la sección de «Jiankou» en la Gran Muralla China. Al contrario que las secciones turísticas, las cuales se han conservado y revisado con el tiempo, la parte de Jiankou es una de las que presentan una mayor pendiente y un acceso más difícil en sus más de 19 kilómetros.

Entre las herramientas que se usan en esta especial misión destaca el «dron Intel Falcon 8+». Esta aeronave se está utilizando para llevar una inspección aérea y un estudio de la sección de Jiankou, mediante la toma de decenas de miles de imágenes en alta resolución en zonas de difícil acceso o peligrosas para un ser humano. Estas imágenes, que se incorporan a un modelo 3D, ofrecen una réplica digital del estado actual de la Muralla. Estas inspecciones son de tan sólo tres días, «generando unos datos más precisos para ayudar a los expertos en conservación a elaborar un plan de reparaciones más informado y efectivo», según la empresa tecnológica.

Posteriormente, los equipos de conservación utilizarán estas imágenes capturadas desde el aire para examinar los tipos de reparaciones necesarias. Además, éstas servirán para estimar el tiempo y el coste de los materiales necesarios para los trabajos correspondientes en este Patrimonio de la Humanidad. Una tarea facilitada con la tecnología del futuro para conservar una de las maravillas arquitectónicas más antiguas del mundo.

Fuente: ABC