Durante años, la Ciudad de México fue presentada como una excepción dentro del mapa de violencia nacional: una capital con relativa paz, alejada del control territorial de los cárteles de la droga que asfixian a muchos estados del país. Sin embargo, recientes hechos violentos —como el atentado contra Omar García Harfuch en 2020 o el asesinato de la secretaria Luz Raquel Padilla, ocurrido este año— han desmontado esa narrativa y demostrado que el crimen organizado ya tiene presencia activa y operativa dentro de la capital.
Una ciudad que ya no es inmune
Aunque históricamente los grupos criminales habían evitado confrontaciones en la capital para mantenerla como “zona neutral”, eso ha cambiado. Las investigaciones oficiales y reportes periodísticos han revelado que organizaciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y La Unión Tepito han establecido redes de extorsión, lavado de dinero, narcomenudeo e incluso tráfico de armas en el corazón político y económico del país.
El atentado contra García Harfuch, actual secretario de Seguridad, marcó un antes y un después. El ataque —ejecutado con armas de alto poder y coordinación militar— fue adjudicado al CJNG. A plena luz del día, y en una de las zonas más vigiladas de la capital, se desató un tiroteo de película, con saldo de varios muertos y un mensaje claro: la Ciudad de México ya no está fuera del tablero del crimen organizado.
Crímenes que trascienden el narcomenudeo
A diferencia de lo que ocurre en otras entidades, donde los homicidios están ligados directamente a disputas por territorio o rutas, en la capital la violencia se entrelaza con intereses políticos, redes de corrupción y crimen financiero. El reciente asesinato de Luz Raquel Padilla —secretaria de Bienestar del estado de Morelos— mientras visitaba la capital, ha encendido alertas. Aunque las autoridades aún investigan, se manejan líneas que apuntan a intereses políticos y económicos.
La situación también se complica por la presencia de bandas locales como La Unión Tepito, que ya no solo controla mercados de droga y cobro de piso, sino que ha infiltrado estructuras gubernamentales y redes empresariales. Su rivalidad con grupos emergentes como “Fuerza Anti-Unión” ha generado una espiral de violencia que se refleja en ejecuciones, desapariciones y extorsiones a comerciantes.
La respuesta institucional: ¿suficiente?
El gobierno capitalino ha intentado sostener la narrativa de control y seguridad. Bajo la gestión de la exjefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, se impulsaron estrategias tecnológicas de videovigilancia y aumentos en el presupuesto para la policía, con resultados en la reducción de delitos patrimoniales. Sin embargo, los crímenes de alto impacto siguen ocurriendo y no todos se esclarecen.
Expertos en seguridad, como Eduardo Guerrero y Rodolfo Cruz, coinciden en que la Ciudad de México está viviendo una transformación criminal: ya no se trata solo de pequeñas mafias urbanas, sino de estructuras delictivas transnacionales que operan con lógica empresarial y, en muchos casos, con protección institucional.
¿Hacia dónde va la capital?
La pregunta que ronda ahora a analistas, autoridades y ciudadanos es si la Ciudad de México podrá contener esta nueva ola de crimen organizado sin perder el control institucional, como ha sucedido en otras partes del país.
Mientras tanto, la percepción de inseguridad crece, sobre todo entre comerciantes, empresarios, líderes sociales y población de zonas populares, donde los cobros de piso, las amenazas y los asesinatos selectivos han comenzado a formar parte de la rutina.
“Nos dijeron que aquí no pasaba. Pero ya estamos igual que en el norte o en Guerrero. Solo que aquí las cosas se esconden más”, comenta un comerciante de Iztapalapa que ha sido víctima de extorsión.
















































